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A mis compañeros y hermanos, los inmigrantes

Más allá de la frontera


Era el tiempo del mes de abril de 1994 cuando la primavera ya había comenzado, cuando el clima es el mejor del año. Fue en esa época cuando la familia Sánchez Rodríguez, un matrimonio joven, él de 27 años, ella 26, y sus tres hijos, Dennise de 11 años, Oscar de 5, y Andrés de 3 años, decidieron dejar México, dejar Ciudad Juárez para buscar un mejor futuro en Albuquerque, en Estados Unidos.
En una noche cuando todo estaba en calma, cuando los niños estaban dormidos, los dos jóvenes platicaban. Sentían que aunque trabajaban muy duro, aunque no tenían que pagar renta porque la casa era prestada y trataban de ahorrar en los gastos, con el sueldo de Oscar no les alcanzaba para mantener a tres hijos.
- Platiqué con mi papá y me sugirió que tal vez nos podríamos mover para Albuquerque. El departamento en el que él vive allá está grande. Dijo que si queríamos podríamos repartirnos los gastos - dijo Oscar.
Vero, como la llamaban todos en la familia, estaba tan emocionada, que en esos momentos su imaginación se trasladó hasta Albuquerque. Como en un sueño se vio a ella misma y a sus hijos en un apartamento de esos en donde para entrar al edificio, hay que detenerse frente a la reja que separa una zona residencial privada, y desde el carro, presionar unos botones y poner un código clave. Pensaba en esto cuando de pronto agregó:
- Y nuestros hijos aprenderán a hablar inglés en la escuela... al fin vamos a cambiar de aires. Ya me imagino los bellos paisajes cerca de las montañas, las ciudades con pinos altos y verdes, el olor de las chimeneas.
- Mi papá dice que el clima de Albuquerque es parecido al de
Juárez.
Después de esa conversación decidieron esperar dos semanas
para que Oscar pudiera avisar en el trabajo con tiempo para obtener
una liquidación además de su cheque. El dinero que normalmente hubieran gastado en despensa lo utilizaron para poner gasolina y para completar lo que tenían que pagar por los permisos para cruzar en el puente.
Cuando sus padres les dieron la noticia de que se mudarían a vivir a un lugar diferente, los tres niños estuvieron muy contentos. Estaban contentos sobre todo, porque irían a vivir con su abuelo. Así, en la tarde del 6 de Abril salieron de su casa con todo lo que llevarían. Era una tarde serena, sin mucho frío, pero fresca. Llegaron a la oficina de migración para tramitar los permisos para ingresar legalmente a Estados Unidos, pues ya tenían sus visas de turistas.
Oscar tenía un automóvil pequeño, un toyota de dos puertas en el que comenzaron su odisea una vez que obtuvieron sus permisos. Aquel pequeño automóvil hizo el viaje con cinco personas: Oscar, Vero, sus tres hijos, y Zita, la madre de Oscar que se decidió a hacer el viaje con ellos. El pequeño carro además viajaba con ollas para el menudo, sartenes para la sopa, cobijas, zapatos, ropa, maletas, y no llevaban las gallinas y el perro porque no tenían.
Cuando llegaron a Albuquerque se establecieron en el apartamento del abuelo y los niños ingresaron a la escuela.
Tras un año de vivir con el abuelo todo iba bien. Oscar y Vero trabajaban y los niños seguían en la escuela, y fue por esas fechas cuando la familia pudo mudarse a su propio departamento.

Hoy, después de casi trece años de vivir en Estados Unidos aquella familia que un día decidió salir de su país en busca de nuevas oportunidades, ha sufrido muchos cambios. Dennise, ahora con 22 años de edad, logró obtener su título de preparatoria, es madre soltera de un niño de 4 años y vive en unión libre, algo muy común en Estados Unidos. Oscar “el pacho” no terminó sus estudios, decidió dejar la escuela para trabajar en un McDonald’s. Él vivía con una joven de Chihuahua, México, pero se separaron después de seis meses. Por su parte, Andy también dejó la escuela. Empezó a consumir drogas y se unió a peleas de pandillas. Por algún tiempo estuvo tratando de buscar trabajo, pero su adicción por las drogas le cerró muchas puertas.
Oscar padre decidió regresar a la iglesia cristiana. Cuando él y sus hermanos eran niños sus padres les habían inculcado esa religión. Oscar conoció a Omar en la iglesia. Omar, un joven de 25 años, también era de Juárez y se hicieron buenos amigos. Oscar recomendó a Omar para trabajar en el mismo restauran de comida rápida en donde él trabajaba. Después de un tiempo, Omar era ya como de la familia andaba con Oscar por todos lados como si fueran hermanos.
Después de algunos meses algo empezó a cambiar. No eran los problemas con los muchachos, era algo más grave. Vero y Oscar tuvieron una discusión muy fuerte que terminó en que Vero se fue de la casa. La noticia corrió como pólvora encendida. Vero se había ido a vivir con Omar. Triste y desolado, Oscar empezó a tomar. Pensaba en el sueño frustrado que él y su esposa tuvieron una noche mientras cenaban en calma en la que fuera su casa en Juárez.
Después de varios años Verónica se casó con Omar. Oscar conoció a Candelaria, se casó con ella y se recuperó del alcoholismo. Se casaron un día del mes de abril. Abril, el mismo mes en el que él y su familia habían decidido venir a vivir a Estados Unidos en busca de mejores oportunidades.
La idea del sueño americano cada vez es anhelado por más
mexicanos, centroamericanos, sudamericanos y personas de otras partes del mundo. El sueño americano viene en diferentes formas y tiene diferentes precios. La familia Sánchez Rodríguez sigue viviendo en Albuquerque, Nuevo México. Todavía, después de muchos años de estar en éste país siguen luchando por ese sueño. Tal vez lo tenían frente a ellos desde antes sin darse cuenta.

por: HECTOR REYNA

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