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Recuerdos del campo

Aún recuerdo las mañanas frescas,
el contraste de esos momentos con el calor de medio día.
Recuerdo el trabajo en el campo como si fuera ayer.

Recuerdo cuando íbamos mis compañeros y yo
en la van rumbo a Hatch, Nuevo México
nos llevaban como a veinte personas juntas a la pizca del chile.
Un camino en el que todos íbamos medio dormidos, sólo uno que otro platicando.

Al llegar nos preparábamos con nuestros pañuelos para limpiarnos el sudor,
botellas de agua colgadas a nuestros cuerpos,
dos o tres botes que habría que llenar con chiles para empezar.

Siempre empezaba con muchas ganas,
pero al pasar de las horas mis fuerzas se agotaban,
calor y cansancio
tener que andar agachada arrancando los chiles para echarlos en los botes.
Todos los días pensaba ya no vuelvo a venir, esto es la muerte
pero mi papá me animaba.
Yo le pedía a Dios fuerza para seguir yendo.

A veces me enderezaba para descansar, para estirarme,
entonces veía lo que me rodeaba
las enormes plantaciones de chiles verdes
con ese olor a tierra y hierba mojada con el rocío de la mañana,

de esa tierra que al tocarla se siente como si estuviera viva.
A lo lejos veía como se juntaba el cielo con el campo,
me imaginaba que nunca podríamos terminar la pizca.

Me gustaba la idea de conocer los campos de donde se reciben los alimentos,
convivir con la gente, gente buena, humilde y sencilla
con muchas ganas de trabajar, de ayudar,
porque siempre nos ayudábamos unos a otros.

Cuando me acuerdo de esas desmañanadas me siento mal,
sobre todo en invierno,
me siento mal por la pobre gente que todavía sigue,
que todavía va a la pizca.

Que hermosa es la vida...
pero a veces se sufre mucho para ganar el pan de cada día.

por: CLAUDIA VALDIVIA

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