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A mi amado esposo Refugio
y a mis hijos Omar y Daniel
A mi amado campesino
En los campos tus manos trabajaste
dándole mano al chile,
a la tierra para labrar
con tu sombrero un poco roto
y tu pañuelo con sudor.
Desde el alba se veía tu sombra
empezando a trabajar
en tus mejillas el cansancio,
pero vigoroso, verde campesino eres tú.
Tu juventud
se quedó en los campos de Deming
echando a andar el tractor,
pizcando el chile,
preparando la tierra,
esperando la cebolla.
Con tus brazos fuertes juntabas las canastas,
olor a tierra mojada en tu ropa.
Hiciste del campo tu hermano,
así lograste tu sueño americano.
Por:
Verónica Macías |
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