 |
A mi tío
Desierto de Arizona
Esta es la historia de un
inmigrante para quien el sueño americano se convirtió en
pesadilla. Es la historia de mi tío y de mis primos, quienes
tenían la ilusión de venir a Estados Unidos a ganar billetes
verdes, como decían ellos.
Pasó en el año de 1970 en el desierto de Arizona,
cuando mi tío y sus tres sobrinos cruzaron por éste desierto.
Los rancheros de ese lugar ponían trampas para los animales. En
una de esas trampas cayó mi tío. Mis primos no hallaban como
sacarlo y como pudieron entre los tres le quitaron la trampa. El
pie de mi tío quedó sangrando. Apenas podía caminar, pero tenían
que seguir avanzando. Entre los tres le ayudaron y así llegaron
al primer rancho. Había trabajo sólo para una persona. Mi tío
tuvo que hacer mucho esfuerzo para que no le notaran nada. Le
dieron el trabajo, y así mi tío se quedó trabajando ahí porque
ya no podía seguir caminando. Mis primos le dijeron que en ocho
días volverían por él, que se iban a conseguir un trabajo en el
siguiente rancho. Así fue, pasaron ocho días y volvieron. Ya no
lo encontraron. El ranchero que lo contrató dijo que mi tío se
había ido al otro día y que eso era todo lo que sabía. Mis
primos lo buscaron durante un mes en los ranchos cercanos. No lo
encontraron. Tuvieron que volver al pueblo en donde nacieron a
darnos la triste noticia. Sobre todo fue difícil decirles a la
esposa y a los hijos. Hubo mucho llanto. Mis otros tíos no
podían hacer nada porque no tenían pasaporte para venir a
Estados Unidos a buscarlo. Fueron a diferentes estaciones de
radio para que les ayudaran. Fueron al canal 5, que era el único
que se veía en mi pueblo y llevaron fotos para mostrarlas al
público.
En ese tiempo estaban encontrando muchos
cadáveres semienterrados en el desierto de Arizona. No sabemos
si mi tío fue uno de ellos. Nunca se pudieron identificar. Han
pasado 35 años y no hemos vuelto a saber nada de él. Mi tía y
sus hijos todavía sueñan con el día en que han de volver a verlo.
Mi tía jamás se volvió a casar viviendo siempre con la esperanza
de que un día él habría de volver.
Por: Olivia Chacón
|
|