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A Alfonso y al resto de mi familia
Por una vida mejor
Nací en San Luís Potosí, México. Cuando me
casé nos mudamos a Ciudad Juárez. Mi esposo y yo formamos una
familia estable con cuatro hijos. Mientras vivíamos en Juárez mi
esposo obtuvo su residencia para vivir en Estados Unidos por
medio de su hermano. Pensábamos emigrar a los Estados Unidos en
un día no señalado y el día se decidió un domingo 9 de
Septiembre de 1995.
Al caer la noche mi esposo sintió un fuerte dolor
de cabeza que se iba agravando al pasar de las horas. Alrededor
de las dos de la mañana, mi esposo daba gritos de dolor hasta
que cayó inconsciente al suelo. Nos apresuramos para traerlo al
hospital Thomason en la ciudad de El Paso, Texas. Decidimos
traerlo a la ciudad de El Paso porque queríamos que recibiera la
mejor atención posible. Ahí nos informaron que le había dado una
embolia cerebral. La embolia le paralizó todo el lado derecho de
su cuerpo dejándolo sujeto a una silla de ruedas. Bajo estas
circunstancias, nuestra familia tuvo que emigrar a El Paso,
Texas. Yo estaba desesperada; mis hijos tenían cinco, diez,
catorce y dieciséis años respectivamente.
Empezamos a buscar trabajo. Transcurría el mes de
Septiembre, entonces conocimos a un hombre que era contratista y
nos llevó a los campos de cultivo de cebolla. Nuestro trabajo
era seleccionar la cebolla para ponerla en costales. Al termino
de las jornadas mis hijos sufrieron de dolor de estomago. Era
tan fuerte el olor de la cebolla que les provocaba vómito y
diarrea. Yo me tenía que mantener fuerte para no doblegarme ante
esta situación. Durante esos difíciles momentos mis hijos
hicieron la promesa de estudiar para no tener que trabajar en la
dura labor del campo.
Mis hijos estudiaron en El Paso, Texas
hasta terminar la preparatoria. Después decidieron regresar a
Ciudad Juárez para estudiar en La Universidad Autónoma de Ciudad
Juárez. El primero ya se graduó de odontología, y la tercera de
mis hijos estudia esta misma carrera. Mi segundo hijo estudia
contaduría en La Universidad de Texas en El Paso, y el cuarto
estudia en la escuela de Coronado, en El Paso.
Mis hijos estudian y trabajan. Yo por mi parte sigo trabajando
por temporadas en la cosecha del chile y la nuez. Así ayudo a la
economía de mi hogar y a los gastos de la enfermedad de mi
esposo.
Mi esposo tenía la gran ilusión de obtener
su residencia para vivir en Estados Unidos, y a los tres meses
de haberla obtenido se enfermó sin poder conseguir su anhelo de
trabajar en este país. A Dios gracias somos una familia humilde,
pero unida, y todos estamos afrontando con esfuerzo las
dificultades que se nos presentan, para así salir adelante como
lo hemos hecho.
Por: Irma Silva
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