Relato

“Es muy difícil vivir en la tierra que cultivamos” nos cuenta con gran tristeza el señor Margarito García al empezar a relatar sus aventuras de cuando cruzaba como ilegal a los Estados Unidos. Cuenta con gran desilusión problemas, desventajas y algunas alegrías que le acontecieron cuando cruzó por primera vez.
Fue en el verano de 1977. Salió de su casa como a las siete de la tarde. En ese entonces estaban de moda los grupos de música norteña. Empezaban los Tigres del Norte con las canciones de “La banda del carro rojo” y “Camelia la tejana”.
El señor Margarito vivía en el estado de Durango, en un pueblo llamado San Juan del Río. Los problemas ocurrieron durante el trayecto, desde que salió de su casa, hasta llegar al Río, cerca de un lugar que llaman Brian Texas.
El señor Margarito es una persona de complexión robusta, tez morena y le gusta la música norteña. También le gusta hacer amistad con toda la gente y bromear de vez en cuando.
Con la cantidad de quinientos pesos que pidió prestados a un prestamista que cobraba muy altas tazas de interés, Don Margarito se despidió de su madre, esposa e hijos. Antes de salir les dijo que les encargaba los pocos animales que tenían: dos caballos, cuatro vacas, gallinas y un marrano. Todos estos animales eran elementales para vivir. También hizo un comentario con muy poca seguridad:
- Si bien me va y paso la línea divisoria sin muchos problemas, y consigo trabajo, volveré dentro de tres años cuando piense que haya juntado lo suficiente para comprar todo lo que nos hace falta. En cuanto pueda - le dijo a su esposa - mandaré dinero para que le compres la ropa y los útiles escolares a los niños.
Al dirigirse a la carretera en donde pasaría el camión, se encontró con dos amigos de la infancia que llevaban el mismo rumbo. Uno se llamaba Polo, el otro era Silvestre. En aquellos años la mayoría de los que vivíamos en el rancho teníamos las mismas necesidades, metas y sueños: progresar para darle una vida mejor a nuestra familia.
Eran las siete de la mañana cuando el camión en que viajaban llegó a la central camionera de Ciudad Juárez, Chihuahua. Fue un viaje largo y muy cansado, pero al fin llegaron sin ningún contratiempo. Después tomaron otro camión que los llevó al centro de esa ciudad. Ahí fue donde empezaron a investigar para encontrar a la persona que se dedicaba a pasar mojados. No tardaron mucho en encontrarla. Era una persona de baja estatura, complexión regular, tez blanca, y como apodo le decían el Chango. El Chango era del tipo de personas a las que les llaman coyotes y casi nunca dan su nombre verdadero.
Después de una hora se pusieron de acuerdo. El Chango les dijo que el cruce sería por un poblado llamado Guadalupe Distrito Bravo.
- Traten de llevar bastante agua y comida, y también el dinero con el que me van a pagar.
Apenas estaba cayendo el atardecer cuando llegaron al punto indicado por el Chango. Al llegar le entregaron el dinero: 300 pesos. Trescientos pesos que en aquel tiempo era bastante dinero. El Chango les dio las indicaciones necesarias para cruzar, pero al estar cruzando el Río Bravo, les dijo que se adelantaran un poco porque iba a traer a otras personas. Se devolvió diciendo que los alcanzaría cuando estuvieran del otro lado del río. Ya estando del otro lado esperaron más de media hora, pero el coyote no aparecía por ningún lado. Lo primero que pensaron fue que los había robado.
- Ya estamos aquí - dijo Silvestre - ahora vamos a seguirle por nuestra propia cuenta
- Bueno, vamos dándole, no hay de otra - dijo Polo.
Por dos días fueron caminando de noche sin rumbo fijo, pero uno de ellos se dio cuenta de que en vez de ir caminando en línea recta, lo iban haciendo en círculos. Entonces decidieron que caminarían de día y descansarían por la noche para evitar cometer el mismo error. Así decidieron pasar la noche en pleno desierto bajo la luz de la luna, y con el temor de sufrir una picadura de algún animal ponzoñoso. Sin embargo, debido a su acumulado cansancio, se olvidaron de los peligros que corrían al dormir en despoblado.
Después de una semana de camino se les agotaron los víveres y el agua. Fue cuando Margarito dijo:
- Allá a lo lejos se mira una casa. Pienso que es una de las que dejan abandonadas.
Al llegar no encontraron nada de lo que iban buscando. Los tres iban ya con los labios cenizos por la sed.
- Si no encontramos agua podríamos morir aquí - dijo Polo
- El granero podría ser nuestra última oportunidad de vivir - contestó Silvestre.
- ¡Polo! ¡Silvestre! - gritó entonces Margarito desde afuera - vengan, parece que encontré algo - ya estando en el granero continuó - miren, aquí hay una botella llena de agua, pero no sé si la podamos tomar…
Después de unos minutos decidieron que la tomarían, aunque les costara la vida, porque de todos modos sabían que pasaría lo mismo si no tomaban algo pronto.
Esa tarde se quedaron dormidos y no despertaron hasta que amaneció, y entonces siguieron su camino. Después de caminar por dos horas llegaron a un camino de terracería. A lo lejos se veía una troca que avanzaba a toda velocidad. Entonces fue cuando decidieron pedir ayuda. No les importaba si era la migra, lo que querían era salvar sus vidas.
Para concluir esta plática, y con las lágrimas rodando por su mejilla el señor Margarito nos dice:
- Le doy gracias a Dios por haber puesto aquella troca en nuestro camino, y como consejo que le doy a mis paisanos es nunca tratar de cruzar el Río porque es probable que nunca regresen a su lugar de origen.

 

Por: Gregorio Medina

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