Poema de la vida de un toro

Mi padre era grande, muy fuerte;
mi madre de raza fina,
raza Gerfor
cuernos grandes.

Recuerdo los días cuando todavía
me protegían
y me divertía.

Recuerdo los grandes campos,
yo corría, corría, corría,
nunca me cansaba.

Mi juventud
y la de mis padres
se quedó en el campo.

Con el tiempo,
me echaron a un potrero
lejos de ellos.

Encontré abundantes hembras,
tuve hijos y los vi crecer.
Hijos de mi raza, la de mis padres.

El tiempo se fue acercando
y me volví viejo.

De pronto un día me apartaron
de todo lo que conocía
hacia el matadero.

Escapé del potrero,
volví a correr,
corrí, corrí, corrí
hacia las montañas.

Nunca me agarraron
y ahí encontré mi fin.
 

Por: David Nuñez

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