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A la familia Maldonado Díaz
El regreso de Carlos
En el año de 1962 había gente
que cruzaba el Río Grande sin ningún problema. Así era como la
gente venía a los Estados Unidos a trabajar. Así fue el caso de
Carlos, un joven de 17 años que vivía con sus padres y sus cinco
hermanos. Su padre se enfermó gravemente de bronquitis y la
familia no tenía dinero para atenderlo. Eran personas humildes
que vivían de sus parcelas. Un día por sorpresa Carlos le dijo a
su padre que se iría al otro lado a trabajar para poder ayudarlo.
Su padre le pidió que no se fuera, le dijo que él ya estaba muy
viejo y enfermo, y temía no volver a verlo. Pero era tan grande
la desesperación de Carlos al ver a su padre enfermo, y a las
parcelas sin producir cosecha, que no escuchó las palabras de su
padre. Una semana después Carlos ya estaba trabajando en
California. Fue grande su esfuerzo. Trabajó ilegalmente y así
logró salvar la vida de su padre.
Pasaron los años sin que Carlos volviera. Siempre
se encargó de mandarle dinero a su familia. Con el tiempo su
necesidad se convirtió en ambición. Se decía que su padre pasaba
horas sentado junto a su parcela pidiéndole al Todo Poderoso que
su hijo pronto volviera. El padre de Carlos volvió a recaer. Ya
no era por la enfermedad, sino por tristeza. Un día le llegó la
sorpresa a Carlos de que su padre estaba agonizando. Cuando por
fin volvió, lo encontró muerto.
Hay personas como Carlos a quienes la
desesperación los lleva a trabajar lejos de los suyos. Puede ser
difícil darse cuenta cuando esa desesperación y necesidad se
convierten en ambición. Cuando se puede decir que se tiene una
buena casa, un buen trabajo y un buen sueldo y se quiere busca
más, puede ser ambición. Los ojos pueden impedir ver más allá de
lo material. Siempre hay algo que no se sabe: si se ha de volver
a ver a esos padres que se dejaron atrás, a esa esposa, o a ese
hijo.
Por: Abril Maldonado
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